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Rusia domina la natación artística desde su origen como ballet acuático

Lo que hoy se conoce como natación artística nació a finales del siglo XIX como un espectáculo de entretenimiento, lejos todavía del estatus de disciplina olímpica. Aquellas primeras exhibiciones, bautizadas como "ballet acuático", se presentaban en los descansos de otras competiciones de natación y combinaban movimientos de danza con figuras improvisadas en el agua. Con el paso de las décadas, ese pasatiempo europeo terminó convirtiéndose en un deporte de altísima exigencia física y artística, y Rusia construyó ahí una hegemonía que todavía hoy resulta difícil de igualar.

La moda de crear figuras y patrones en el agua se expandió primero por Gran Bretaña, Francia, Canadá y Estados Unidos, antes de llegar a territorio ruso a comienzos del siglo pasado. En 1908 se inauguró en San Petersburgo una escuela de natación donde, los fines de semana, se organizaban eventos festivos con exhibiciones acuáticas; algo que, salvando las distancias, recuerda a cómo ciertos entretenimientos digitales actuales -de la misma manera en que alguien podría buscar hoy crash point como jogar antes de probar un juego nuevo- despiertan curiosidad por aprender una actividad desde cero. En los años 20, la pasión soviética por la danza acuática creció con fuerza: las formaciones colectivas de figuras se volvieron habituales en las celebraciones deportivas del régimen. crash point como jogar

De la pista circense al programa olímpico

Hacia finales de la década de 1950, las presentaciones acuáticas habían mutado en espectáculos de gran escala, con música, vestuario elaborado y hasta 80 participantes en escena. Fue en ese contexto cuando el entrenador Boris Onoprienko, del Instituto Médico de Lviv, introdujo la idea de acompañar las figuras con música y un guion narrativo definido, transformando la disciplina en números completos y no solo en demostraciones de técnica. En paralelo, el excampeón de saltos ornamentales Aleksandr Grigorenko y el entrenador Valeri Buré desarrollaron programas similares en Moscú.

El salto definitivo llegó en 1952, cuando la natación sincronizada se convirtió en deporte internacional independiente durante los Juegos Olímpicos de Helsinki. En 1961 se disputaron en Moscú las primeras competiciones oficiales soviéticas, con figuras obligatorias, libres y una composición musical; la ganadora, Alla Mindlin, sumó 136,78 puntos entre sus dos actuaciones. Ocho años después, en 1969, la disciplina quedó formalmente incorporada al calendario deportivo nacional.

La coreografía como sello distintivo

Más allá del entrenamiento puramente deportivo, la formación en danza resultó clave para el desarrollo del estilo soviético y, más tarde, ruso. Las nadadoras practicaban en barra los mismos ejercicios que cualquier bailarina clásica, una influencia que contó con el respaldo de una figura de peso: la legendaria bailarina Maia Plisétskaia, primera presidenta de la Comisión Pansindical de Natación Sincronizada, impulsó el apoyo estatal a la disciplina.

En 1980 el deporte ingresó al programa olímpico y, apenas un año después, las atletas soviéticas empezaron a destacar internacionalmente. En el Campeonato Europeo de Split, Tatiana Heitzer terminó séptima, pero la prensa local elogió su expresividad; junto a Irina Potiomkina, llevó a la URSS al sexto puesto por equipos. Tres años más tarde, en el Europeo júnior, el dúo formado por Alfia Khamaletdinova y Anastasia Lifarenko terminó tercero, superando en el programa libre a las líderes Gran Bretaña y Holanda.

La consolidación rusa en la era moderna

El primer gran resultado llegó en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Tras la disolución de la URSS, el equipo ruso no solo mantuvo su nivel, sino que lo elevó: en el Mundial de natación de 1998, disputado en Australia, las rusas se quedaron con el oro en todas las pruebas. Según explicó entonces la técnica Tatiana Pokrovskaia, la diferencia residía en el enfoque casi coreográfico y balletístico de sus rutinas frente al resto del mundo.

Entre 2000 y 2021, numerosas nadadoras rusas subieron al podio en mundiales, europeos y Juegos Olímpicos. Anastasia Davidova acumuló cinco oros olímpicos y trece títulos mundiales; Anastasia Yermakova sumó cuatro coronas olímpicas y ocho mundiales; Olga Brusnikina ganó tres veces en Juegos Olímpicos y cuatro en mundiales; y Maria Kiseleva se impuso en tres ediciones olímpicas. Desde julio de 2017, la Federación Internacional de Natación rebautizó oficialmente la disciplina como natación artística, aunque el dominio ruso, construido sobre más de un siglo de tradición, sigue siendo la referencia obligada del deporte.